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| Orígenes |
El origen del pueblo (según Ortiz de Thovar), es una fundación
prerromana, localizada en el llamado paraje Miguel Sancho, en la
confluencia de los ríos Guadámez y Las Huertas, cuyos
vestigios existían aún en el siglo XVIII. Además, según los más recientes
estudios, en este punto se enclavaba el asentamiento romano de Astigi,
sobre la que fuera antigua calzada entre Córdoba y Mérida.
El núcleo de población desapareció en una primera ocasión tras la etapa romana, siendo repoblado con gentes de la cercana Arsa, y posteriormente volvió a desaparecer durante la invasión árabe, siendo en este caso repoblada por musulmanes.
La ocupación c
ristiana significó otra vez el arrasamiento del
poblado, y su posterior y definitiva repoblación en un lugar ligeramente
separado del anterior, porque según consta: "ser el sitio antiguo poco
saludable por los vapores de los dos arroyos". Este nuevo
establecimiento fue creado a mediados del siglo XIII por el maestre
santiaguista Pelai Pérez Correa, conquistador del territorio,
quedando bajo la jurisdicción de esta Orden, como parte de la Encomienda de
Hornachos. En esa misma demarcación continuó, tras la delimitación de
términos realizada con la de Alcántara en 1240, según una línea que en ese
ámbito quedaba definida por el río Guadárnez y las posadas de
Abanjut.
En 1485 el lugar consiguió la categoría de Villa.
El monumento más destacable de Retamal es la iglesia parroquial de
San Pedro Apóstol. Es una construcción originaria del siglo XVI y de
reducidas proporciones. Su planta es de nave única, con bóveda de cañón,
dividida en tres tramos por pilastras clasicistas, entre las que se abren
capillas laterales. La cabecera es poligonal, con bóveda de crucería de
sólidas nervaduras. A ella se aneja la sacristía por el costado de la
Epístola. A los pies se sitúa el coro, sostenido por dos gruesas columnas,
ostentando en una inscripción como año de ejecución, el de 1611. A
continuación del mismo se extiende un profundo atrio de acceso.
Al exterior, la fachada principal ofrece una variada morfología, en la que
destaca el c
uerpo correspondiente al mencionado atrio. Consiste este en un
edículo de planta rectangular, de mampostería encalada, con cubierta a dos
aguas, en el que se abre una portada de arco muy rebajado, flanqueado por
sencillas pilastras y elemental cornisamento coronado por pináculos. Este cuerpo
se adosa al principal del edificio, en cuyo imafronte se alza una achaparrada
torre con dos campanarios. Su morfología se completa con estribo frontal y el
cobijo cilíndrico de una escalera. Al interior llaman la atención unas pinturas
del siglo XVIII, puestas sobre las pilastras y cubiertas consistentes en
inscripciones, emblemas y otros motivos, enmarcados por una variada decoración
geométrica y de óleos diversos. Entre las figuraciones aparecen la cruz
santiaguista, crisoles y
otras alegorías y anagramas.
Resultan de especial interés, los dos pequeños retablos barrocos a lo blanco, situados sobre el arco toral, así como el del segundo tramo de la nave por el costado del Evangelio. Este aparece policromado y con pinturas en el fondo, tratándose, quizá, del que en otro tiempo ocupara el altar mayor. En el de factura moderna que hoy ocupa este lugar aparece una pintura, atribuida sin mucho fundamento a la escuela de Zurbarán. Una hermosa talla barroca de la Inmaculada, completa los contenidos muebles del templo.